-¿Estás seguro?
-Por supuesto Javier.
-Yo no estaría tan seguro.
-Que sí. Es de origen cubano. Estoy totalmente seguro. -Me dijo con aires de suficiencia y amagando a medias una neutra sonrisa-.
-Apostaría algo a que te confundes…
-No, Javier. Es cubano. -Me interrumpió con cierta impaciencia-.
-Y qué más da cubano o mejicano! -Terció Ana en ese momento para relajar el ambiente-. ¿Al fin o al cabo son latinoamericanos no?
-No es lo mismo, aunque estén próximos. Y además musicalmente no tienen nada que ver.
-Aclaré tajante-.
-Tengo una idea Ana. Si están tan seguros y ninguno parece aceptar moverse un milímetro de su posición inicial. ¿Por qué no apuestan una cena? -Sugirió Isabel con una sonrisa de complicidad-.
-Buena idea. Así tanto si está en lo cierto uno u otro, nosotras dos salimos ganando.
-Por mí no hay problema. Estoy absolutamente seguro de estar en lo cierto. Aunque me parece un abuso apostarme algo a sabiendas que lo voy a ganar.
-Javier hazme caso. No te confundas. Vas a pagar una cena para cuatro. Y te va a salir cara.
-Bien, parece que no hay marcha atrás. -Dije parco, mientras hacía tintinear los cubitos de hielo en el ancho y grueso vaso de cristal-.
-La cena ha de ser en Vía Véneto por lo menos. -Añadió con sobriedad Pablo, que en ese preciso momento había dejado de chasquear la lengua para dar mayor solemnidad al anuncio-.
Los tres se volvieron hacia mí y esperaron expectantes mi respuesta.
-¡Hecho! -Solté al cabo de unos segundos que me parecieron eternos-.
-¡Bien! -Festejaron Ana e Isabel- .
-De acuerdo. Vamos a preguntar al camarero, pues es probable que lo sepa. -Dije, esbozando una sonrisa triunfadora-.
En esos momentos sonaban con fuerza unos acordes de guitarra inolvidables que me hicieron evocar tiempos de añoranza y avanzar con firmeza:
-Venga! Ya pregunto yo.
-Anda Javier. Cómo lo va a saber el camarero. -Protestó Pablo con una seguridad impostada-.
-Está bien. Si muestra la menor de las dudas, seguiremos preguntando a otras personas hasta dejar meridianamente clara la respuesta correcta. -Respondí para concitar la unanimidad-.
-Sí, claro. Y nos vamos a fiar de las respuestas de cualquiera. ¿Qué grado de fiabilidad otorgaremos a cada una de ellas? ¿Y qué peso aplicaremos para dilucidar el resultado final? -Contraatacó Pablo para enfriar la propuesta-.
-A mi me parece, sin querer ofender, que o mucho me temo, o aquí nos estamos jugando algo más que una cena en el Véneto. Quizás una pizca de orgullo! -Exclamé silabeando con parsimonia-.
-Camarero! -Vocearon al unísono Isabel y Ana, sin demasiado éxito-.
-Camarero! Camarero! -Grité con más bríos-.
-Papi, papi!-¿Qué te pasa ?Te has dormido y estabas gritando con la mano levantada algo ininteligible-.
-Eh!... ¿Qué me ha pasado? -Acerté a penas a balbucear-.
-Estabas soñando. -Dijo Xavi con una mueca de sorpresa-.
-¿Qué creías que sólo tú sueñas o tienes pesadillas? -Le solté con una sonrisa de granuja-.
Miré alrededor y me encontraba sentado en la butaca negra de la habitación. Delante, en la pantalla del ordenador encendida se podían leer apenas tres frases:
-¿Estás seguro?
-Por supuesto Javier.
-Yo no estaría tan seguro.
Sant-Ana
martes, 29 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
